SANTA TERESA. “AZORÍN”

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El pasado año -2014- fue el año de “El Greco” y el 2015 será recordado como “El año de Santa Teresa”, por conmemorarse el V centenario de su nacimiento. Y he de señalar una curiosa coincidencia registrada en el pasado mes de marzo: el escritor Fernando Delgado ha sido galardonado con el “Premio Azorín de novela” por su obra Sus ojos en mí, una historia de amor entre “Santa Teresa de Jesús” y el fraile  Jerónimo Gracián de la Madre de Dios. Una novela de amor apasionado –no carnal- entre una religiosa de 60 años y un fraile de 30 años menos, situado en el siglo XVI.

Aunque “Azorín” está bastante olvidado, yo sigo siendo adicto a su obra.  Recuerdo que lo primero que leí fue  un artículo de ABC-Sevilla de 1946  (tenía yo 20 años) y se titulaba “Los carros”.  Y nos contaba que Santa Teresa viajaba en carro y aprovechó la ocasión para transmitirnos sus amplios conocimientos de este vehículo de transporte. Supe que tenía adrales, que los costados del carro formado por barillaje de madera. Y añadía: “y cuando en sus escritos encuentro el vocablo carro advertimos que el carro se ennoblece”. Y a partir de entonces me aficioné a la lectura de sus escritos.  Fui asiduo lector de sus TERCERAS de ABC; actualmente puede figurar en tercero y cuarto lugar; por ello,  la página ostenta el título de TERCERA; antes no había necesidad de hacerlo.

Cuando en 1955 habla de la Santa dice: En el Libro de las Fundaciones contemplamos la vida española en el siglo XVI; hay aquí de todo: retratos, escenas interiores… Nunca análisis psicológicos han profundizado más; léase  el capítulo a la neurastenia; Teresa es para  los artistas como es Cervantes, una lección perpetua; más lección, en cuanto al estilo, que Cervantes.  En Cervantes tenemos el estilo hecho y en Teresa vemos cómo se va haciendo”.

En su libro Clásicos redivivos, escribe  “Azorín”: Teresa de Jesús camina despacito, con pasos sencillos, por el ancho claustro. La vida, escrita por ella misma, es el libro mas hondo, más denso, más penetrante que existe en ninguna literatura europea; a su lado, los más agudos analistas del yo son niños inexpertos.

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