EGIPTO: LA DERROTA MÁS VICTORIOSA DE NAPOLEÓN. (y II)

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Fracaso de la Campaña Militar.      

Los egipcios jamás dejaron de considerar a los europeos como invasores y un riesgo para sus costumbres y su religión. Los problemas con la población se agravaron cuando los franceses establecieron impuestos y multas por no acatar sus leyes.

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En agosto de 1798, como Napoleón lo temía, el almirante Nelson sorprendió a la flota francesa en Abukir, mientras los marinos estaban en tierra. Las tres horas que duro el ataque tuvo pérdidas irreparables para Francia: 1.700 muertos, 600 heridos y 3.000 prisioneros. Al mes el imperio otomano se alió con Gran Bretaña para expulsar a los franceses y en octubre de ese mismo año, en el Cairo se organizo una sublevación contra la administración gala.

En febrero de 1799, Napoleón Bonaparte ordeno a sus generales que mantuvieran el control  de las ciudades aledañas al Nilo, pero, al no disponer de la flota, los franceses estaban aislados para recibir suministros. Napoleón, no quería rendirse tan pronto, fiel a su plan original, partió con 13.000 soldados hacia Siria para contrarrestar al ejercito árabe y para bloquear los suministros de Inglaterra antes de la primavera de 1800.

El desierto del Sinaí, sucesivas batallas y una epidemia de cólera diezmaron las fuerzas francesas al grado de que Napoleón decidió dejar al mando al General Kleber (Jean Baptiste Kleber, 9 de marzo 1753, 14 de junio de 1800) para regresar a Francia y allá, el 18 de brumario- según el calendario revolucionario- dar el golpe de estado que puso fin al Directorio e imponerse como Jefe Militar.

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General Jean Baptiste Kleber

La gran Esfinge de Gizeh no fue mutilada durante la Campaña Militar de Napoleón: ya le faltaba la nariz desde muchos siglos antes.   

     

La Piedra de Rosetta.  

El 19 de julio de 1799, en Al-Rashid- que los europeos llamaban Rosetta- mientras soldados franceses cavaban trincheras para sobrevivir un desembarco británico, dieron con una gran piedra de basalto con tres tipos de escritura: jeroglíficos, egipcios, demótico y griego.

Bouchard, el oficial al mando se encargo de llevar la piedra al Cairo, donde los científicos empezaron a realizar copias y a enviarlas a Francia. Ante la imposibilidad de descifrar las lenguas muertas egipcias, los eruditos se concentraron en la inscripción en griego.

Las primeras traducciones revelaron que se trataba de un decreto promulgado en Menfis el 27 de marzo de 196 a.C., para conmemorar el primer año del mandato del faraón Ptolomeo y Epifanes. El texto no aportaba nada nuevo en cuanto acontecimientos históricos, pero si la posibilidad de desentrañar los jeroglíficos egipcios que, hasta entonces, eran un misterio.

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En 1802, el orientalista sueco Jahn David Akerblad, publico un estudio sobre la piedra de Rosetta, de la que descifraba 29 signos, pero el primer gran avance en la traducción lo hizo el lingüista británico Thomas Young, al demostrar que el demótico era una variante de los jeroglíficos y que los nombres de los reyes estaban recopilados en cartuchos. Aunque las atribuciones fonéticas de Young entre el demótico y el griego no fueron muy acertadas-dejo las traducciones para realizar otras investigaciones vinculadas con la naturaleza de la luz que darían como resultado uno de los experimentos más relevantes de la física-fueron esenciales para los siguientes traductores.

 

En 1822, un joven orientalista francés llamado Jean –Francois Champolion con base en las investigaciones existentes y gracias a su dominio de la lengua copta-que pudo confirmar como una derivación moderna de la antigua lengua egipcia-expuso la novedosa y acertada idea de los jeroglíficos contenían un valor fonético y a la vez ideográfico, es decir, que también expresaban un concepto.

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La otra Herencia Napoleónica.

La campaña militar de Napoleón, permitió redescubrir la cultura milenaria de Egipto, al grado de que la decoración de interiores y la arquitectura se vieron influenciados por la egiptomania.

Esto dio un impulso sin precedentes a la arqueología-cuyo furor no ceso hasta mediado del siglo XX- y a expediciones científicas en busca de civilizaciones perdidas por todo el mundo.

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