PAPAS MUERTOS POR ASESINATO. (I)

 

De Enciclopedia Católica – Rodolfo Vargas Rubio.

Antes de adentrarnos en la interesante Enciclopedia que nos ofrece Internet, cabe destacar que son muchísimas las causas que pueden impulsar  a un individuo a matar a otro, aunque, entre las más corrientes se encuentran: venganza, recompensa económica, o de cualquier otro tipo, emoción violenta, entre otras alternativas. El ensañamiento también  tiene un agravante porque implica aumentar el daño de manera deliberada a la víctima.

Y ahora empezamos a leer y escribir lo que nos dice la Enciclopedia:

Afortunadamente, la silla de Pedro superó hace ya siglos etapas turbulentas que ensombrecieron la divina misión de sus titulares, quienes no pocas veces perecieron en el  molino de la violencia. Si hay un periodo particularmente tenebroso  -que justifica ampliamente la denominación “edad oscura” aplicada  indiscriminadamente a todo el medioevo por la ilustración – es sin duda el que arranca  con la abominación del concilio cadavérico en 897 y culmina con la escandalosa venta del Papado por Benedicto IX, depuesto por los legados del emperador Enrique III en 1048, después de tres períodos de reinado, a cual más  escandaloso.  El   cardenal Cesare Baronio, en sus famosos Anales,  escritos a la mera de Tácito llamo a esta    “época” saeculum ferreum” (el siglo de hierro), sin duda por la dureza y ferocidad de las costumbres y por la esterilidad del espíritu.

También habla el gran historiador del Papado de “saeculum plumbeum” (siglo de plomo), en evidente alusión al mito griego de las tres edades de la humanidad, representando el vulgar metal lo más vil y bajo a que esta puede llegar. Y es que estos ciento  cincuenta años, que encajan en el fin del renacimiento carolingio y los principios de la reforma pre gregoriana, son una sucesión tal constituyen un argumento apologético a favor del pontificado romano,  pues es impensable que o institución alguna hubiera podido sobrevivir a tanta ignominia si no tuviera la asistencia divina.

La mayor parte de asesinatos de Papas corresponde precisamente al Siglo de Hierro, marcado por los manejos políticos de dos poderes familiares, emparentadas entre sí y procedentes de Teofilacto, vestatario romano: los Albericos Tusculanos (de quienes descienden los príncipes Colonna) y los Crescencios. Las mujeres de la casa de Teofilacto, Teodora y su hija la domna Senatrix Marozia, erigieron en árbitros de Roma y sus Pontífices, y  este hecho se debe quizás el que cobrara vuelos la historia de la papisa Juana,  la que nos referiremos en otro lugar.  No ha habido, gracias a Dios, parangón  a   esta lamentable era en la historia de los Papas.  Algunos –especialmente en los ambientes protestantes- ven en la Roma y el Renacimiento un nuevo Siglo de Hierro.  Es cierto que los Papas de ese tiempo se comportaron más como príncipes que como pastores y que la mundanidad triunfó en su corte, pero no es menos cierto que hubo la contrapartida de la santidad, de la creación artística y del avance de las ciencias, contrapartida que no tuvo siglo X, como Ludwig von Pastor muy acertadamente señala su monumental Historia de los Papas.  Por lo demás, episodios aislados de singular violencia que acabaron con la vida algún vicario de Cristo los ha habido en otras épocas, como se verá a continuación.

       He aquí la lista de los Papas asesinados.

SabinianoSABINIANO (604-606). Había provocado las iras del pueblo –ya crispado por la carestía que se había declarado- con ataque  la memoria de su predecesor Gregorio I, a quien aquel ya veneraba como santo y algunos de cuyos escritos mandó destruir el nuevo Papa. Sabiniano no perdonaba al gran Gregorio haberle  reconvenido por su intervención como legado ante el patriarca de Constantinopla, que había asumido el título de “ecuménico”  en abierto desafío al Pontífice de Roma. Perdió la vida en medio de una insurrección general y sus funerales dieron lugar a toda clase de desórdenes.  El cortejo que llevaba su cadáver desde San Juan de Letrán a San Pedro tuvo que ser desviado por callejuelas escondidas, hasta el punto de que hubo de cruzar el Tíber por el puente Milvio, muy alejado del Vaticano.

john-viii-giovanni-viii-pope-from-872-to-882-rome-st-paul-basilica-location-basilica-de-san-pablo-rome-italia-P3YJAGJUAN VIII  (872-882). Un pariente o miembro de su entorno más cercano le propinó veneno.   Los Anales de Fulda asegura que, al mostrarse lento el efecto del mismo, fue el Pontífice rematado a martillazos en la cabeza, poniéndose así fin a una vida tempestuosa, sea por los múltiples problemas que hubo de enfrentar (la invasión del sur de Italia por los sarracenos, las disputas de los últimos carolingios por la corona imperial, el cisma de Focio) sea por las costumbres controvertidas de Juan, tenido por afeminado, lo que daría origen a habladurías que contribuyeron a alimentar la  historia ya mencionada de la papisa Juana. 

formoso-portadaFORMOSO (891-896) Murió en medio de intensos dolores producidos muy probablemente por la acción del veneno que le fue administrado por instigación del partido espoletano, enemigo acérrimo del papa,  a quien no perdonaba el  su apoyo de éste a Arnolfo de Carintia en sus presiones al trono imperial. No contento con la muerte e Formoso, Lamberto de Espoleto y su inescrupulosa madre Angeltrudis promovieron su inaudita humillación post mortem conocida como  “el concilio cadavérico”, del cual se trata más adelante.

ee1e4f49e3e53a6caa5184abf40bc168ESTEBAN VI (896-897). Pagó con su vida el haberse prestado a los manejos de los espoletanos contra la memoria de Formoso y haber presidido el concilio cadavérico.  A los pocos meses de este horrendo evento, el partido de los formosianos consiguió arrastrar al pueblo a una rebelión en contra el indigno Pontífice, que fue depuesto, encontrado en prisión y, finalmente, estrangulado. No obstante Sergio III amigo de Esteban, erigiría a éste un monumento fúnebre en San Pedro con un epitafio que revela un odio acérrimo a Formoso.

Pope_Leo_VLEON V  (903)  – Formoso, fue víctima de la ambición de Cristóbal, del título presbiteral de San Dámaso, que le depuso a los dos meses de pontificado y le metió en la cárcel nombrándose a sí mismo Papa. León murió asesinado en prisión, aunque no se sabe si por orden de Cristóbal o de Sergio III, que había a su vez depuesto y encarcelado  antipapa, a quien mandó matar.

245px-Pope_John_X_IllustrationJUAN X (914-928). Era amigo íntimo de Teodora la Mayor, esposa del vestatario Teofilacto. Debió a esta familia su elección pero también el finalizar sus días de manera violenta. Habiendo disgustado a una de las hijas, la domna senatrix Marozia, al ofrecer la corona imperial a Hugo de Provenza, hermanastro y rival de Guido de Tuscia, segundo marido de la formidable fémina, ésta promovió la guerra contra el Papa. Juan había confiado la defensa de Roma a su hermano Pedro, al que había nombrado cónsul y que, con el apoyo de guerreros húngaros, se presentó a las puertas de Roma en orden de batalla. Replegadas las fuerzas del Pontífice en San Juan de Letrán, Pedro fue atrozmente asesinado ante los ojos de su hermano, y éste encarcelado en el castillo de Sant’Angelo por orden de Marozia. Allí murió sofocado por Guido de Tuscia con una almohada.

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