ERA DEL DESCUBRIMIENTO. De la Enciclopedia Libre Universal. (VIII)

 

PRIMERA PARTE DEL VIAJE. EL MOTIN.

Navegando hacia sudoeste el 26 de septiembre hacen escala en Tenerife para abstenerse de agua, carne y leña. Permanecen en las Canarias hasta el amanecer del 3 de octubre, fecha en que zarpan a medianoche en dirección sur hasta las costas africanas de Sierra Leona.

Juan de Cartagena se extraña de que no se enfile el sudoeste desde el primer momento, hacia Brasil y pide explicaciones al capitán general. Parece ser que Magallanes no las da y mantiene el rumbo apelando al mando. Aparentemente, el incidente no tiene consecuencias, pero después de catorce días sin vientos favorables, el descontento de Cartagena va a más y niega el saludo protocolario al capitán general. En un primer momento, Magallanes, que sabia ser templado según las circunstancias, opta por comunicar a Cartagena que debe ser saludado debidamente, mas ello no es suficiente. En un cara a cara entre los dos hombres, Cartagena se insubordina abiertamente y Magallanes no lo duda, lo destituye y ordena prenderlo. Luis de Mendoza se ofrece a responsabilizarse del capitán destituido, para evitar que un hidalgo español fuera al calabozo, a lo que Magallanes accede. Antonio de Coca es nombrado capitán del San Antonio. Este grave incidente va a tener peores consecuencias más adelante.

Tras cruzar el Atlántico, tocan tierras brasileñas en el cabo de San Agustín, a 23 grados y medio de latitud Sur, dónde se proveen de carnes, frutas, y patatas, y traban contacto amistoso con diversas tribus. Son los últimos días placenteros y de solaz. Hay que seguir. Pasados los 34 grados creen haber llegado al paso, mas no, es Rio de la Plata. Después de quince días de exploración en aquél inmenso estuario continúan. Cada entrante, por pequeño que sea, se explora. El 24 de febrero avistan el golfo de San Matías, más allá de los 40 grados, también de importantes dimensiones, lo recorren metro a metro, y nueva desilusión. Siguen adelante. A los 49 grados dan con otra espaciosa había en la costa patagona. Es el 31 de marzo de 1520, festividad de San Julián, y así la bautizan. Magallanes decide invernar allí.

Las dificultades del viaje, la cada vez mayor incertidumbre en el éxito de la expedición y las inclemencias crecientes de un invierno que se avecina con borrascas de vientos gélidos cada vez más frecuentes, en medio de un paraje desolado, hacen que cunda el descontento, los capitanes se quejan del silencio de Magallanes: “ni tomaba consejo de sus oficiales ni les daba la derrota que habían de seguir”. Y por si fuera poco, se ordena un racionamiento más estricto de los vivieres. Consciente de lo malo de la situación. Magallanes dispone que el día siguiente de la llegada al Puesto San Julián, el 1 de abril de 1520, Domingo de Ramos, se celebre una misa y después una comida. A la misa asiste parte de la tripulación, y el convite lo rechazan los capitanes  Luis de Mendoza (Victoria) Gaspar Quesada (Concepción) y Antonio de Coca (San Antonio). La situación se ha vuelto insostenible. Viendo lo que puede avecinarse, Magallanes sustituye a Coca por su primo Álvaro de Mezquita como comandante del San Antonio, la mayor de las naves, que no podía arriesgarse a perder.

Quesada, Coca y Cartagena toman la iniciativa durante la noche. Seguros de contar con partidarios en el San Antonio lo abordaron en botes. Encaramados a cubierta, se dirigen al camarote de Mesquite, a quien reducen enseguida Juan de Elorriaga, el Maestre, que presenta resistencia, es acuchillado por Quesada. Sin pérdida de tiempo los tripulantes portugueses son presos.  Convidan a comida y vino a quienes no se oponen. La acción, rápida, resulta un éxito. Los amotinados pueden regresar a sus naves, dejando el San Antonio  al mando de Juan Sebastián Elcano, en el Trinidad, no se sospecha nada, hasta la mañana siguiente en el que Magallanes cae en la cuenta de que ha perdido tres navíos: Concepción, Victoria, San Antonio.

El capitán general percibe indecisión y debilidad en los amotinados, porque no han hecho exigencia alguna en las últimas horas, y urde un plan. Envía al Victoria a cinco hombres en un bote mandados por Gonzalo Gómez de Espinosa, alguacil del Trinidad, con una carta para Luis de Mendoza, quien no ve peligro en los emisarios suban a bordo. Mientras la lee ante Espinosa es abatido, a la vez que otros sesenta hombres al mando de Duarte Barbosa suben a cubierta desde un segundo bote que paso inadvertido. Con el Victoria recuperado el motín fracasa.

EL PASO: “CANAL DE TODOS LOS SANTOS”

Estando en la Bahía San Julián el Santiago mandado por Joan Serrano, es enviado al sur en solitario para reconocer las proximidades. Llega a la desembocadura del río Santa Cruz, importante vía fluvial cuyas aguas son de origen glaciar. Una tempestad hunde al Santiago. El 24 de Agosto zarpan las cuatro naves restantes y dos días después se detiene en la desembocadura descubierta por Serrano donde permanecerá dos meses aguardando la llegada del verano. Magallanes no sabe que está a tiro de piedra del paso.

Por fin el 18 de octubre levan anclas y prosiguen hacia el sur. Tres días después, festividad de Santa Úrsula y las once mil Vírgenes, llegan a un cabo y una bahía de aguas oscuras, encajonada entre riscos y montañas coronadas de hielo, aparentemente sin salida. Sin embargo, siguiendo la rutina de tantas otras ocasiones, Magallanes dispone que el San Antonio y Concepción se internen cuando puedan, mientras la Trinidad y Victoria exploran el exterior. Esteban Gómez, capitán del San Antonio, se insubordina y sin que nadie lo sospeche regresa a España. La Armada Magallánica pierde la mayor de sus naves. Un temporal hace tener nuevos naufragios, pero esta vez la Concepción retorna con esperanzadoras noticias: el canal las aguas son saladas y con mareas. No se trata de otro rio. El día de Todos Los Santos, las tres naves se internan en aquellas aguas. El curso enrevesado con multitud de ramales, recodos, y bahías, muchas sin salida. El avance es lento y peligroso.

 

La navegación se complica aun mas por el viento persistente, gélido, que obliga a extremar los cuidados para no estrellarse contra las rocas, o varar en un arenal. Descubren la desembocadura de un rio que llaman de las Sardinas, desde donde se adelanta un bote que tres días después retorna con buena nueva: al pasar un último cabo, Cabo Deseado, de nuevo el mar. La expedición no solamente consiguió su objetivo al encontrar un paso por el sur de América u una ruta por el mar Pacifico, si no que acabó siendo la primera expedición que, a su regreso, tres años más tarde y al mando de Juan Sebastián Elcano, había circunnavegado el globo.

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