MONASTERIOS CARTUJOS EN EL MUNDO (I)

 

Una Cartuja o monasterio Cartujo, es un monasterio de orden religiosa de los cartujos. La palabra “cartuja” proviene del nombre de la Chartreuse, un macizo situado en Francia, al norte de Grenoble, donde San Bruno (sacerdote nacido en Colonia Alemania en 1030 y fallecido en 6 de octubre de 1101, fundador de la primera casa Cartuja).

El primer monasterio llamado “Chartreuse” fue edificado en 1084 con ayuda de otros seis compañeros, en unos terrenos montañosos y solitarios que les había ofrecido Hugo, obispo de Grenoble (Francia) a poca distancia de esa ciudad. Construyeron cabañas de madera individuales que unen a la zona de vida en común (iglesia, refectorio y sala capitular) a través de una galería, también de madera.

El lugar elegido pasó a lo largo del tiempo por varios desastres naturales como avalanchas de nieve y rocas, que afectaron al monasterio. Uno de los sucesores de San Bruno, Guido I, trasladó la comunidad algo mas debajo de la gran montaña y fundó la “Grande Chartreuse”.

Guido I redactó en 1127, ochenta capítulos para una regla que tituló “Consuetudines Cartusiae”. El Papa Inocencio II la aprobó en 113. Se fundamenta en la regla benedictina más las normativas añadidas para la orden cartuja. Los monjes debían ser doce y más adelante se llegó al número de veinticuatro. Vivían en celdas individuales con acceso a un pequeño huerto que cultivaba cada uno.

Las celdas estaban dispuestas en torno al claustro. Para poder comunicarse con el resto del mundo, se ayudaban de los hermanos, que también vivian en el monasterio, pero apartados de los padres. Los hermanos tenían contacto con el exterior.

Los cartujos llevaban una vida de contemplación y retiro, pero no necesariamente sus monasterios estaban construidos en lugares apartados y recónditos. El aislamiento lo daba el propio edificio y sus dependencias estructuradas especialmente con este fin. Durante los siglos XI, XII y XIII, hubo muy pocas cartujas. En 1200 había solo treintaisiete, mientras en Europa tenia centenares de monasterios benedictinos. En los siglos XIV y XV, llegaron a ser ciento noventa y cinco, es el momento de  máximo esplendor y el momento en el que se transforman los edificios, que pasan de tener una estructura funcional a ser centros de creación de arte.

Es en estos siglos, cuando los poderosos de la tierra, los reyes, la nobleza y la burguesía, se fijan en esta orden de vida contemplativa y sobria. Entonces quieren asegurarse de que las oraciones de los monjes cartujos les sirvan como intermediarias para la salvación de su alma. A cambio de las oraciones, dotan a los monasterios de grandes obras de arte. No se concibe en esa época, que los edificios donde habitan gentes tan santas sean austeros y pobres.

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