EL ORO

El oro es un metal doblemente precioso: en primer lugar porque sus cualidades lo hacen inalterable y porque su escasez aumenta su valor, pero también porque ya en la edad de piedra, fue el primer metal que los hombres prehistóricos supieron utilizar y modelar.

Poco más o menos, el oro de las actuales joyas y de las viejas monedas, apenas se diferencia de lo que era hace un millón de años. Todas las civilizaciones antiguas nos han dejado en sus tumbas tesoros inestimables, apreciados tanto por la abundancia de oro como por la belleza de los trabajos realizados. El tesoro de Tutankamon, descubierto en 1922, contiene maravillosos objetos de arte realizados con este precioso metal.

Al mismo tiempo que se utilizaba como adorno, el oro se convirtió en moneda para el intercambio, gracias a su inalterabilidad. Desde entonces no ha cesado de ser utilizado para ese fin. Las primeras piezas de oro, que datan de aproximadamente siete siglos antes de nuestra era, aparecieron en Asia Menor, por aquel entonces habitada por griegos emigrados.

Durante la Edad Media, los alquimistas incluso tuvieron la esperanza de poder fabricar oro. El descubrimiento y la utilización de este metal, ha estado en muchas ocasiones en el origen de grandes movimientos de civilización, de conquistas invasiones y guerras.

 

La explotación de África (siglo XV) el saqueo de las riquezas de los Incas y Aztecas (siglo XVI) o la fiebre del oro de Klondike, en Canadá (siglo XIX), son acontecimientos que tuvieron como causa la búsqueda del oro.

El fuerte Knox, acondicionado a principios de siglo por Estados Unidos en el estado de Kentucky, guarda y protege las importantes reservas de oro norteamericanas.

EL HIERRO

 

El descubrimiento y la utilización del hierro, son hechos tan importantes que, en la cronología de las civilizaciones, a este progreso se le conoce como la “edad del hierro” posterior a la “edad del bronce”. La edad del hierro, se inició hacia el año 1200 a de J.C. en Oriente Medio. Pero en Occidente no comenzó hasta varios siglos más tarde.

Entre el VI y el III milenio a de J.C. o sea, hace mas de 5000 años, en Oriente y Extremo Oriente, desde Egipto a China, pasando por Mesopotamia y el Indo, aparecieron los primeros objetos de hierro, metal por aquel entonces tan raro, que se consideraba precioso. Mientras en el resto del mundo se continuaba tallando y pulimentando la piedra.

Los hombres de Asia ya conocían los elementos de la herrería y la forja. Los chinos ya utilizaban la fundición del hierro, que exige el empleo de fuelles para aumentar la temperatura de la forja., 1600 años antes de que fuera conocida en Europa. Por ello, no nos han de sorprender los progresos de las civilizaciones de Extremo Oriente, que conocían la carreta de reja 500 años a de J.C. y fabricaban normalmente armas y herramientas de hierro.

El dominio de la fundición, se afirmó en Occidente con las mejoras introducidas en el horno: desde principios del siglo XII, la fuerza de los molinos permitió  que los fuelles de la forja funcionaran de forma regular y poderosa y el horno, que a partir de entonces podía ser de mayor altura, se convierte en el horno con inyección de aire a tres metros de altura y más tarde en el alto horno, que a finales del siglo XIII alcanzaba cinco metros.

Todavía hoy, este alto horno, que ha tomado proporciones gigantescas, es el que perpetua entre nosotros la edad de hierro, el metal que ha hecho surgir una brillante y original arquitectura.

EL VIDRIO

 

En Oriente, el vidrio era conocido desde hace 6000 años aproximadamente. El procedimiento del soplado de las pompas de vidrio procede de Siria. Tanto el vaciado como la técnica del vidrio de color fueron perfeccionados por los egipcios.

En Oriente, el vidrio con metal pulimentado se utilizo para la fabricación de espejos y determinados grandes personajes asirios, egipcios y griegos se hicieron amortajar en sarcófagos de vidrio. Los romanos, que se abastecían en Egipto y en el puerto de Sidón, heredaron los secretos de los vidrieros fenicios y terminaron instalando en Roma vidrieras que en el año 200 ocupaban todo un barrio de la ciudad.

El vidrio se extendió mucho en la forma de abalorios. Perlas y joyas fueron la especialidad de Venecia, para guardar el secreto de las técnicas de fabricación, los vidrieros venecianos se instalaron en el islote de Murano, donde todavía se trabaja actualmente. Durante gran parte de la Edad Media, las ventanas de las ricas mansiones se cubrieron de pergaminos translucidos: el cristal de vidrio no apareció hasta el siglo XVI.

En el siglo XVII, las vidrieras europeas como las de Saint-Gobain, fundada en 1665 proporcionaba cristales para las ventanas de las viviendas acomodadas, pero el vidrio plano todavía era imperfecto. Fue preciso esperar hasta el siglo XX para que se adaptara la técnica de la colada de vidrio en un plano de acero pulimentado, de ese modo se obtienen los grandes cristales que hacen tan atrayentes los escaparates de nuestros almacenes. La industria del vidrio siempre ha tenido especializaciones, como desde el siglo XVIII, el vidrio muy fino o “cristal” y desde el siglo XX, el vidrio templado. En España fueron celebres las vidrieras de Barcelona, Segovia y la Granja.

LA CERÁMICA

 

El barro o arcilla es la primera materia plástica conocida. Como se endurece con el fuego, puede conservar la forma que se le dé. Por desgracia,  su fragilidad no ha permitido que encontráramos intactos los primeros recipientes fabricados en la edad de Piedra.

 

En la Edad de Piedra pulimentada, los hombres ya utilizaban vasijas de tierra cocida: se han encontrado restos muy antiguos en algunas grutas y ruinas en aldeas situadas a orillas de los lagos suizos. Convertida en un arte, la cerámica mejoró rápidamente. De ese modo, los egipcios, los persas, y los asirios se convirtieron en verdaderos maestros del modelado y cocido de la arcilla.

Los chinos descubrieron la porcelana y la forma de moldearla. La tradición de la alfarería antigua, elegante y decorativa, conoció su apogeo en Grecia, donde las decoraciones rojas y negras de las ánforas y crateras representaban sobre todo a los personajes de la mitología.

En la Edad Media, la cerámica sufrió en Occidente un claro declive, renació lentamente y surgieron centros artesanales que adoptaron las técnicas árabes, como el de Manises (Valencia) donde ya durante el siglo XIV se fabrica la loza de reflejo metálico o dorada.

Estas técnicas arraigan en otros países, especialmente en Italia, donde aparecen centros importantes, como el de Faenza. En 1759, se funda en Madrid la fábrica de porcelana del Buen Retiro. A partir de 1768, se inicia en Sevres (Francia) la fabricación de porcelana dura.

En el siglo XVI, Bernard Palissy,  descubrió determinados procedimientos de fabricación. En el siglo XVIII, las fabricas de loza de Delf (Holanda) tienen un gran renombre, mientras que las técnicas de la cerámica se perfeccionan en Alcora (España) y en Anspack (Alemania)