COMPAÑÍAS DE LAS INDIAS ORIENTALES

Cómo eran las primeras multinacionales. ¿Cuál fue la primera empresa multinacional del mundo? Estamos tan acostumbrados que nos cuesta imaginarnos un mundo en el que las iniciativas comerciales no dependan de ellas.                 

En la era de los descubrimientos, al final  de la Edad Media, las nuevas rutas comerciales por América y las Indias llevaron a los comerciantes europeos a embarcarse en largos viajes para obtener productos hasta entonces inimaginables en sus lugares de origen. Pero cada uno de estos viajes conllevaba riesgos. Para afrontarlos,  los mercaderes crearon las primeras empresas modernas: reunían bienes y financiación suficientes para  el viaje, aportados por entidades bancarias y mecenas, y tras su actividad, se disolvían. Este modelo funcionó al principio pero pronto la sociedad empezó a demandar cada vez  más los productos de las nuevas tierras , y estas “empresas” no tuvieron más remedio que hacerse  más y más frecuentes.

Además, los recién nacidos Estados de Occidente desarrollaron una fortísima competencia, que se acabó , trasladando al ámbito del comercio con Oriente y las Indias.  Esta rivalidad  fue la  que provocó que cada Estado se inmiscuyera directamente en la financiación de las empresas comerciales, de tal forma que muchas de ellas se realizaban con la participación única del propio país , como era el caso dela Corona Española.

Este modelo, como el caso español demostró, no resultaba rentable del todo, ya que suponía un gasto enorme, no solo económico, sino también militar.  Las expediciones no estaban exentas de  peligros, por lo que habitualmente la tripulación estaba compuesta  además de por marinos, por soldados del ejército nacional, y los barcos debían armarse a conciencia. Por ello, en 1600 Inglaterra fundó la Compañía de las indias Orientales (BEIC) que se convertiría, esta vez, sí, en la primera  multinacional de la historia  pocos años después de su fundación.  Muy pronto, en 1602, aparecería la segunda , la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales  (VOC ) y durante todo  el siglo XVII no dejaron de aparecer imitadoras.

¿Pero en qué consistían estas empresas? Las compañías privilegiadas  eran sociedades formadas por un conjunto de mercaderes que aunaban recursos para explotar comercialmente determinadas tierras en nombre de su país, que quien a cambio garantizaba su monopolio y se comprometía a apoyar su negocio en todo lo posible, librándolas de  impuestos, defendiéndolas de cara a otras  naciones, o  modificando cualquier tipo de ley que pudiera suponer una traba para sus actividades. Al final, estas compañías solo competían entre ellas, actuando como representante de sus respectivos países.

Más concretamente, actuaban como “microestados” vasallos  de sus naciones. Podrían tomar posesión de tierras en nombre de éstas, cobrando  impuestos en las poblaciones ocupadas, firmar tratados bélicos, e incluso acuñar sus propias  monedas.

Las compañías se conformaban por cámaras autónomas, cada una con su función particular dentro de la empresa, y se gobernaban por medio de complicados sistemas jerárquicos. Por el contrario, sus normas se limitaban a una base, de forma que podrían adaptarse a las necesidades y posibilidades de tierras y épocas distintas.  El objetivo principal, aparte de obtener jugosos contratos, era el de asegurar monopolios de comercio para sus naciones en el mayor número posible de territorios. Holanda tenía el privilegiado de ser la única que comerciase con Japón, Inglaterra con la India o Hong Kong y Francia con las islas Mauricio, las Reunión, y algunos  lugares de la India.

Reclutaban ejércitos privados y armaban sus barcos, llegando a tener algunas de ellas, como la BEIC en cierto momentos de                   su historia, mas navíos de guerra  que comerciales. Y es que  la rivalidad entre los reinos europeos se contagió a sus compañías, qie competían ferozmente  por controlar el tráfico de especia, opio, seda o marfil , usando la fuerza si era necesario con tal de imponerse.

Además, las compañías comerciales debían mantenerse fuertes para enfrentarse a otros tipos de enemigos: por un lado, las poblaciones locales, cuya soberanía se ponía en entredicho a menudo por estas empresas y sus despiadadas formas de   hacer negocios, y por otro, los piratas. Estos últimos supondría un doble obstáculo para su actividad: robaban y saqueaban siempre que les era posible aquellos lugares atractivos para hacer negocios, y volvían peligrosas las rutas  de comercio, asaltando sus barcos. Por eso las compañías de las Indias invirtieron grandes esfuerzos en acabar con ellos, como puede verse por todas las leyes antipiratería firmadas entre el s. XVII y el XVIII y  cuando eso no era suficiente, contrataban a algunos de ellos  para dirigir sus propias flotas.

Las compañías además fueron las primeras en realizarían empresas coloniales, que acabarían extendiendo el eurocentrismo por el mundo entero al colonizar para sus metrópolis nuevos territorios en los que desplegar su influencia económica y cultural, iniciando una nueva era en la Historia.

Este desarrollo colonial fue, paradójicamente, el que a largo plazo provocó  su caridad.  Los Estados buscaban ejercer cada vez más control sobre las nuevas tierras, por lo que decidieron relevar progresivamente   a estas compañías de su influencia territorial. Además la alta tasa de mortalidad entre sus empleados, los bajos sueldos que ofrecían, y la aparición, junto al liberalismo, de la competencia, que mejoraba el servicio que éstas venían ofreciendo, contribuyeron a que perdieran rápidamente sus privilegios y su poder para acabar entrando todas ellas en la bancarrota a principios del siglo XIX. Eso, y la gran corrupción de sus altos cargos, que después de tantos años de dominio casi ininterrumpido se habían regalado más beneficios de los que correspondían. Podría decirse que las primeras multinacionales cayeron cuando dejaron de luchar por crecer y mejorar para el futuro, y se permitieron acomodarse mientras otros se levantaban.