“HUMANISMO Y CIENCIA”.

Ciencias_Humanidades-800x400He copiado el mismo título que figuraba en una TERCERA de ABC que firmaba el jurista Antonio Rodríguez Walker; como en otras ocasiones,  su lectura resultó muy interesante.  Y desde el principio pensé: deberían leerla los estudiantes que próximamente han de decidirse por  letras o ciencia.  Y sobre el tema Walker nos dice:

“El hombre llega, por medio de la poesía, al límite donde el filósofo y el matemático vuelven la espalda en silencio “. Así defendía Federico García Lorca su “profesión “y Ortega y Gasset  -siguiendo la línea de Heidegger-afirmaba que “el hombre de ciencia, el matemático, es quien taja la integridad de nuestro mundo “porque, según él, “la verdad científica es exacta pero incompleta y  penúltima“y “deja sin ver cuestiones decisivas “¿Qué pensarían y dirían, en estos tiempos, Lorca y Ortega Es muy posible que mantuvieran sus posiciones sin alteración alguna.

La conexión entre humanismo y ciencia sigue siendo en nuestro tiempo un tema clave y también un tema difícil de abarcar que está vinculado, de un lado, al debate que abrió Charles Snow en 1959 con su discurso sobre la incomunicación entre las dos culturas, y del otro, a la cuestión de los límites de la capacidad del ser humano para entender, asumir y adaptarse a los cambios en general y en concreto a los científicos y tecnológicos.

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Snow se inclinaba claramente por la superioridad de la cultura científica aunque afirmaba que la interdisciplinaridad era necesaria para afrontar los problemas de la humanidad. Se expresaba así: “Cuando los no científicos oyen hablar de científicos que no han leído una obra importante de la literatura, sueltan una risita entre burlona y compasiva. Los desestiman como especialistas ignorantes. Algo habrá que hacer para salir de esta irracionalidad formativa, hay que aceptar la posición de Erwin Schodinger, premio Nobel de Física, cuando afirmaba que: “la finalidad de la ciencia y su valor son los mismos que los de cualquier otra rama del conocimiento humano, ninguna de ellas por si sola tiene finalidad y valor, solo los tienen todas a la vez”. Así es.

Un estudiante de letras que desconozca el papel de la ciencia y un estudiante de ciencias que desconozca el papel de las humanidades, tienen muy poco que aportar al progreso porque son incapaces de entender los problemas desde distintas ópticas.

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Desde la utilización del fuego hace 790.000 años, hasta hoy, hemos vivido todo tipo de revoluciones incluyendo el descubrimiento de la imprenta en el siglo XV, la revolución industrial del siglo XVIII y la primera revolución tecnológica de nuestro tiempo, que han modificado sustancialmente algunas ideas y aun mas las costumbres y los comportamientos. Pero a pesar de todos los cambios, la esencia del ser humano, en lo que atañe a sentimientos básicos se mantiene invariable. El amor, el miedo, la felicidad, el egoísmo y sus contrarios no se diferencian en nada a los de cualquier otra época. Siguen conviviendo en nuestro cerebro las grandezas más sublimes con las perversiones más profundas. Después de tanta evolución  sigue manteniéndose, por ejemplo, la pasión futbolística en todas sus formas, desde la bella referencia a “tener más moral que el Alcoyano”, hasta la declaración de amor incondicional del “viva el Betis manque pierda”.

Es cierto, muy cierto, que los cambios se están acumulando y acelerando como nunca antes en la historia, y que la  denominación de estos tiempos como era de la incertidumbre es enteramente correcta. Es también correcto que, al igual que en su día el derecho dio forma a la “persona jurídica” tengamos que aceptar la idea de convivir con “personas electrónicas” con independencia cognitiva y con capacidad para albergar sentimientos y así mismo, con “personas clonadas” una posibilidad que la reciente clonación de monos-después de las de las ovejas, vacas ranas y caballos- se acerca inexorable e inquietantemente. Son incluso correctos algunos planteamientos del pos humanismo o el transhumanismo que dan por segura la transformación total de la condición humana mediante la superación de los limites mentales y físicos que tenemos en la actualidad. Sean los que sean los avances de la humanidad seguiremos, por siempre, enamorándonos, un proceso neuronal en donde cumple un papel decisivo la feniletilamina, que nos conduce a un maravilloso estado emocional.    

 

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LA CENICIENTA O CINDERELLA

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Esta entrada viene acompañada por un sello polaco, nacionalidad a la que presto atención de vez en cuando. Pertenece a una emisión de 1968 dedicada a la serie de “Cuentos de Hadas”.

Salvo raras excepciones, la mayoría recordamos aquello de: “Erase una vez una joven muy bella que no tenía padres, sino madrastra, una viuda impertinente con dos hijas a cual más fea. Era ella  quien hacía los trabajos más duros de la casa y como sus vestidos estaban siempre tan manchados de ceniza todos la llamaban Cenicienta”. Y luego vino el baile, el rey, el zapato perdido ……..y todo lo que Vdes. ya saben.

La versión más conocida es la de Charles Perrault una versión de la historia transmitida mediante tradición oral de Perrault (1697)  que se conoce con el título Cendrillon  o  La petite pantoufle de vere o El zapatito de cristal.

En Alemania, la versión de “La Cenicienta”, que forma parte de la colección de cuentos de los Hermanos Grimm es, hasta ahora, la más popular.

Disney realizó en 1950 una versión de “La Cenicienta” que se asemeja más a la de Perrault que a la de los Hermanos Grimm.